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CAMINANDO POR ORIENTE.

Aquí estamos, entre montañas, un murciano de sesenta y tantos y un madrileño de treinta y pocos, realizando la ancestral ceremonia de hacer tañer un gran tambor,   invitados por dos monjes, en el templo sintoísta Hongu Taisha, en Japón, tras haber finalizado la mística y milenaria  peregrinación del camino imperial Kumano Kodo, el equivalente a nuestro querido Camino de Santiago de Compostela, en el que tantas veces hemos caminado y disfrutado.

¿Que cómo hemos llegado aquí?

Hay que remontarse un año atrás, a julio de 2015, realizando el Camino del Norte.

Comienzo solo, como es mi costumbre en el Camino, partiendo desde Irún. Nuevamente me esperaba Santiago, dispuesto a ofrecerme multitud de sentimientos, nuevas aventuras, tiempos de reflexión, soledad, tranquilidad y gente maravillosa; pero, sobre todo alegría, mucha alegría, porque el Camino ejerce sobre mí un poder especial, cambia mi actitud, mi percepción de las cosas, todo tiene un porqué; solo hay que saber mirarlo desde el lado adecuado y con optimismo y eso hace que sea una parte esencial en mi vida.

Después de unos cuantos días por el País Vasco, acompañado de montañas, acantilados y frondosos bosques, ya somos un grupo de seis personas, llegando a incrementarse el mismo, posteriormente, hasta un total de nueve componentes. Todos comenzamos solos, pero… ya sabéis, el Camino une y se estrechan lazos, abres tu corazón, dando igual la edad, la raza, el sexo; todos somos peregrinos, todos pasamos por lo mismo y eso une.

Entre estos peregrinos se encuentra otro amante del Camino, Seung, un coreano que lleva unos cuantos a sus espaldas, y Pascual, un ciezano, melómano, con memoria de elefante, que, tras hacer el Camino Francés, se queda “enganchado” al mismo y, dando comienzo a este segundo, ya no hay quien le pare.

Los tres haremos el camino completo hasta Fisterra, juntos hasta el final, apoyándonos y animándonos mientras las flechas nos dirigen durante treinta y tantos días de emociones.

En una de las etapas, ya en Cantabria, hacemos noche en Güemes, en el albergue del Abuelo Peuto, uno de los más entrañables, impregnado de un espíritu que no puedes olvidar. Después de llegar y hacer las típicas rutinas peregrinas y de dar una vuelta por el mismo, me dirijo hacia una sala común a la que, como todos, soy convocado y en la que Peuto, en una entrañable charla, se dirige a los peregrinos de las distintas nacionalidades, al menos doce, que en ese momento se encuentran allí, siendo, por supuesto, necesaria la intervención de una intérprete voluntaria para que el mensaje llegue lo más claro posible a todos los asistentes. Allí en la sala, me detengo ante un póster informativo, algo sobre un camino en Japón, hermanado con el Camino de Santiago, el Kumano Kodo. Sin saberlo, una idea estaba comenzando en mi cabeza…

 

Al día siguiente junto a mis buenos amigos, y con unas cervezas, lo vimos claro, muy claro: ¿plan para el siguiente verano?, ¿visitar a Seung en Corea y hacer el Kumano Kodo? Bueno… fantasías como tantas otras que se dicen junto a unas cervezas en la tranquilidad del Camino. Pero, en este caso, no fue así.

Al día siguiente, caminando, con un sol abrasador a la espalda, se acerca Seung y me dice:

– “David, David, en Corea hay camino también, hagámoslo!!”.

Y es que como he dicho, somos “frikis” del Camino, locos empedernidos que disfrutamos caminando. Con mucha emoción le digo:

-“ Claro, chingu!! Lo haremos!! “.

Es un bonito sueño pensar en esos momentos, con la incertidumbre del futuro.

Fue un camino especial, gente especial, En octubre los recuerdos afloran con mucha ternura y alegría. Con emoción hago una llamada.

– “¡¡Pascual!! Nos vamos a ir a Corea y Japón!!”.

“¡¡Sería un sueño!!” – me responde.

Comienzo la investigación. El camino de Jeju en Corea no me preocupa; Seung se encargará de todo. Además, tendremos un miembro más del grupo con nosotros, que se une a la aventura: la peregrina Angelika, de Munich, que, por cuestiones laborales, tuvo que abandonar el Camino en Gijón, y ahora lo retomará en Corea a nuestro lado.

No, el que me preocupa un poco más es el Kumano Kodo. Esa es mi misión, ardua tarea, idioma distinto, transporte, albergues, señalización…Al final, nada de eso. Hay mucha información en Internet y es fácil hacerse una idea del itinerario y de los pasos a seguir.

Con mucha alegría y tesón, planifiqué el camino. Además, aproveché y visité La Feria Internacional de Turismo, en Madrid, para investigar un poco más y … ¡¡bingo!! . En el stand de Japón, una persona, especializada en el Kumano Kodo, me explicó con detenimiento todo, me dio la información necesaria para abordar esta fascinante aventura con éxito y me proporcionó las credenciales duales, habilitadas para ambos Caminos hermanados.

Ya estábamos listos. Nos juntaríamos nuevamente, casi un año después, en Corea y ¡¡preparados para caminar por Oriente!! y hasta aquí puedo leer… 😉

Es un pelín largo, así que he dejado la primera parte…

Próximamente se publicará en la revista “Libredón” de la asociación gallega del camino de santiago (AGACS). Gracias a Nieves por animarme a escribirlo.

 

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